Algo pasa en Hollywood este año: entre el aluvión de estrenos con ganas de estatuilla y la fiebre de títulos rebosantes de autoría, hay una pequeña película que, a pesar de su prestigio indie y sus cuidadas ambiciones, ha dejado a la industria helada como campo en pleno invierno. ¿Por qué ‘Sueños de trenes’, la nueva apuesta aclamada de Netflix, no ha logrado calentar los ánimos de la meca del cine?
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La temporada de premios: Netflix saca músculo (otra vez)
Otoño e invierno no solo traen temperaturas bajas y excusas para quedarse en casa con una manta; también marcan la época dorada donde el catálogo de Netflix cobra protagonismo más allá del binge-watching. Y es que, aunque su objetivo principal sigue siendo dominar el mundo del streaming, la empresa persiste en conquistar su pedacito de gloria con premios como los Oscars. Por eso, cada año se repite la historia: estrenos pensados para no pasar desapercibidos ante la Academia, aunque sea solo durante unos días en cines (hay que cumplir con el trámite, ya se sabe).
La cosecha de este año da para degustar de todo:
- Un terror preciosista con ‘Frankenstein’.
- El drama holliwoodesco de ‘Jay Kelly’.
- El thriller de conciencia ‘Una casa llena de dinamita’.
- Incluso vuelve el fenómeno ‘Puñales por la espalda’ (por si sentías que te faltaba un enigma en la vida).
A esta lista se suma ‘Sueños de trenes’, la indie rural que llegó a competir por la ovación de la crítica… pero algo se quedó en el andén.
‘Sueños de trenes’: más allá del ferrocarril, una travesía por el siglo XX
La película apenas disfruta de un breve paseo por algunas salas de cine antes de su desembarco en plataforma, fechado para el 21 de noviembre. Bajo la batuta de Clint Bentley (ese mismo cuyo guion de ‘Las vidas de Sing Sing’ recibió mención en la última gala de los Oscars), la dupla actoral de Joel Edgerton y Felicity Jones promete —sobre el papel— un viaje íntimo y épico a la vez. Un tapiz donde se cruzan la naturaleza indómita y el acelerado progreso norteamericano, todo desde la perspectiva de los olvidados del Oeste del siglo pasado.
Todo gira en torno a Robert Grainier, un trabajador del montón que esquiva guerras lejanas y acepta empleos como constructor de vías de tren o leñador, sacrificando tiempo en casa y paisajes familiares. El objetivo es sencillo: mantener a flote su familia y no perder el hogar en un territorio agreste y cambiante.
De novela inquieta a película glaciar: ¿por qué cuesta conectar?
La adaptación de Bentley mira de frente a los “pecados originales” de Estados Unidos y los sacrificios que exige el avance. Sin embargo, la película decide narrarlo desde un personaje que, sincerémonos, tiene el carisma de una piedra (con cariño, Robert) porque su gran talento es dejar que las cosas le pasen.
Esto no ayuda a la hora de hacernos partícipes de los años de progreso estructural e industrial que pasan por encima del bosque y del refugio que nuestro anti-héroe intenta llamar hogar. El trabajo duro (incluido el de muchísimos migrantes) se presenta como motor de avance pero, sorpresa, tampoco les protege del drama y la violencia.
- Edgerton lidia con la culpa y traumas mediante secuencias oníricas repartidas a lo largo del metraje.
- El espectador, por acumulación, acaba con la sensación de estar siendo emocionalmente explotado… y no en el buen sentido artístico.
El gran pecado: la voz en off (sí, otra vez)
Pero si hay algo que realmente distancia al público, es la decisión de Bentley de usar la voz en off como si le pagaran cada vez que explica algo. El recurso, lejos de evocar la poesía emocional de un Terrence Malick, termina por arruinar cualquier posibilidad de misterio o descubrimiento para el espectador.
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Todas y cada una de las acciones, sensaciones o pensamientos nos son servidos como menú degustación, dejando poco espacio para la interpretación. Esto, inevitablemente, establece una barrera que ni las mejores interpretaciones de Edgerton o Jones pueden derribar.
En resumen, ‘Sueños de trenes’ tenía el pasaje comprado para la gloria, pero la sobreexplicación y una narrativa demasiado contenida han dejado a Hollywood (y a más de un espectador amante del indie) esperando el próximo tren caliente… o al menos, una historia que confíe en el viaje visual y emocional del público.
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Carlos Tafur es periodista formado en la PUCP, con experiencia en redacciones digitales donde aprendió a ir siempre tras la noticia que impacta. En Diario Satélite, lidera contenidos de hot news, finanzas personales, tendencias virales y hechos insólitos. Su estilo directo y su olfato periodístico lo convierten en una voz clave para entender lo que está pasando ahora mismo, ya sea un escándalo político, un dato económico inesperado o una historia tan increíble como real.