Lo que realmente le sucede a tu cuerpo si sales al espacio sin protección

13 noviembre 2025

¿Qué ocurre realmente si abres la puerta de la nave y decides pasearte por el espacio sin traje especial? Si piensas que podrías aprovechar para tomar el sol y flotar como en una piscina, mejor sigue leyendo…

La gran pregunta tras el traje espacial

Romuald Amougou, curioso insaciable de las redes, lanzó una pregunta que muchos nos hemos hecho alguna vez: «¿Qué nos pasaría si salimos al espacio sin traje de protección?» Una pregunta nada trivial que cobra aún más sentido tras ver a Thomas Pesquet, el célebre astronauta francés, realizar tres salidas extravehiculares durante su última estancia en la Estación Espacial Internacional (ISS). Allí, cada astronauta va vestido de los pies a la cabeza con una indumentaria que parece sacada de un catálogo XXL de invierno antártico, ajustada al milímetro, pero para nada ligera.

Ese «accesorio» tan voluminoso es la diferencia entre una experiencia impresionante y… una historia de terror cósmico para los que se atreven a enfrentarse al vacío espacial.

Una historia de susto cósmico: la primera caminata espacial

Retrocedamos al 18 de marzo de 1965. Alexei Leonov, valiente cosmonauta soviético, realizó la primera salida al espacio de la historia durante la misión Voskhod 2 de la antigua URSS. Embrujado por el silencio «impresionante, tan profundo que podía escuchar su propio cuerpo» y un cielo «negro brillante», Leonov flotaba unido a su nave solo por un cable de algunos metros. Todo iba bien hasta que la flexibilidad de su traje, diseñado para la hazaña, casi le juega la última mala pasada: tras salir al vacío, el traje se hinchó rápidamente por la diferencia de presión con el espacio. Resultado: perdió toda movilidad, sus manos y pies ya no estaban en su sitio, y regresar a la escotilla se volvió casi imposible.

Entre golpes al módulo y movimientos que parecían coreografía improvisada, Leonov tuvo que jugársela: despresurizó su propio traje, operación tan peligrosa como inesperada, y logró encajarse de cabeza en la escotilla tras más de doce minutos de tensión máxima. Aquella fue la primera vez que un humano comprendió por experiencia propia lo hostil que es el vacío espacial.

¿Qué peligros acechan en el vacío?

Salir en traje de baño al espacio no es precisamente una buena idea. El vacío espacial tiene sus propias reglas, resumidas en dos palabras: ausencia total de atmósfera y de gravedad. Esa famosa sensación de flotar (que ya se experimenta en la ISS gracias a su veloz movimiento alrededor de la Tierra) tiene trampa: cada movimiento, por simple que sea, se convierte en todo un desafío.

Pero el riesgo mayor no es perder el equilibrio: es la despresurización. Sin la atmósfera terrestre, el espacio se vuelve irrespirable y absolutamente vacío. Nada de oxígeno ni dióxido de carbono. Y olvídate de sonidos espectaculares: como las ondas sonoras son «mecánicas» y necesitan un medio material para viajar, el silencio es total, muy lejos de lo que nos vende Star Wars.

Sin presión, los fluidos corporales están en peligro. A temperatura corporal y bajo presión atmosférica, todo va bien. Pero en contacto con una presión casi nula, la temperatura de ebullición de los líquidos del cuerpo baja rápidamente por debajo de esos 37°C. Es decir: los fluidos comienzan a hervir. Este fenómeno, conocido como ebullismo, es letal en cuestión de segundos, de ahí la necesidad de equipos que mantengan al menos 0,3 bar de presión interna en el traje.

Por si fuera poco, tu cuerpo podría congelarse o, al contrario, recalentarse lentamente por radiación, ya que el cosmos alterna entre extremos: de -150°C en sombra a +150°C bajo el sol. ¡Una diferencia de 300°C entre espalda y frente! Y eso sin hablar de la luz solar directa o los rayos cósmicos provenientes del Sol y de otras regiones del universo. Estas partículas altamente energéticas pueden tener efectos desconocidos y potencialmente devastadores para el sistema nervioso o el ADN.

  • Despresurización mortal en segundos (ebullismo).
  • Riesgo de congelación o sobrecalentamiento.
  • Radiación cósmica peligrosa para células y ADN.
  • Imposibilidad de respirar y silencio absoluto.

El traje: no es moda, es supervivencia

Los trajes espaciales han sido diseñados para soportar cada uno de estos peligros mortales. Aire respirable, protección térmica, escudo contra radiación y luz: el traje es un seguro de vida, aunque venga con la incomodidad de moverse como si te hubieran metido en una armadura medieval.

Sin embargo, incluso el mejor diseño no evita la sorpresa: en 2013, durante una salida de Luca Parmitano, su casco se llenó de agua por una fuga en el sistema de refrigeración, demostrando que el peligro puede venir de cualquier rincón.

Por eso, los astronautas entrenan para todas las eventualidades posibles e, incluso, para una retirada urgente a la escotilla de la ISS. Porque en el espacio, improvisar nunca es buena idea… y un pequeño fallo puede ser definitivo.

Moraleja estelar: si vas al espacio, no olvides tu traje. No es solo protocolo: es la mejor manera de seguir flotando… ¡y contándolo!

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