Publicado: 13/05/2018
Trujillo: centenaria celebra el Día de la Madre llena de vitalidad
Otilia Dunn tiene dos hijos, tres nietos y tres bisnietas. Ella acaba de cumplir 100 años y asegura que la felicidad es la receta perfecta para perpetuar la existencia.
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Otilia Dunn tiene una mente lúcida que guarda grandes anécdotas. Texto: Gustavo Rojas. Foto: Armando Castro.

@WebSatélite


Nieta de un francés y un inglés. Nació el 22 de febrero de 1918 en La Paz (Bolivia). Se casó a los 17 años con Francisco Lazcano Soruco. Vinieron a vivir a Trujillo, donde solamente Otilia Dunn Lahore reside ahora, frente a la Universidad Nacional de Trujillo (UNT). Hoy, junto a más de 490 mil madres liberteñas, festejará su día.

Celebró sus cien años con una fiesta temática, en el que todos los asistentes vistieron ropa del siglo XVIII. “Fue muy lindo porque yo tengo un vestido de esa época y resulta que hace dos años me pidieron que lo vista para una pasarela en el Club Central”, recuerda.

Sus días transcurren junto a Mercedes Aurelia Figueroa Reyes,  de 58, quien lleva 17 años trabajando para ella. Además de Dulce, la perrita que le regaló su hijo, Fernando.

Mucho recuerda a su hija, Elga, quien partió a la eternidad hace dos años. “Nunca imaginé que ella iba a irse antes que yo. No soy una persona renegona, trato de llevar mi vida como fue desde el principio. Me casé muy joven. Mi esposo ha sido diputado, ministro de Estado, diplomático, embajador en Paraguay, España y París. Y luego hemos venido a Trujillo”.

Bustamente y Rivero fue embajador en Bolivia. Él invitó a Francisco Lazcano de La Paz, mediante Pérez Godoy. De esa manera, la pareja vino a Trujillo y tuvieron la gran suerte de caerle bien a la gente, dice Otilia. “Mi esposo falleció hace 50 años. Y hace dos años falleció mi hija. Ella ha pedido que la incineren y que sus cenizas las arrojen al mar, pero por la suciedad del mar, decidimos quedarnos con sus restos acá, en mi casa. Y como ya me compré mi casa final, he pedido que cuando me vaya, pongan a mi hija dentro mi cajón”.

“Tuve diabetes, pero menos mal que ya salí de eso. Tengo silla de ruedas, pero no suelo usarla porque ya muy poco salgo a la calle, ni a compromisos, a pesar de que tengo muchas invitaciones”, comenta Otilia, con mucho entusiasmo.

“Estoy en mi casa, pensando en mis hijos porque la madre no hace otra cosa que pensar en ellos. Y sabe que uno quiere tener todo para los hijos, porque de acá no nos llevamos nada al otro mundo”, agrega.

“Me gusta el ceviche, yo no me privo. Si quiero tomar un traguito, como vinito o whisky cuando estoy almorzando o con amigas, lo hago. Además, me gusta leer periódicos, sobre todo la sección de política. A mí me dicen, ¿para qué lees esas cosas tan feas? Y yo respondo que debo estar informada para conocer la realidad de donde vivo”, asegura.

“Me espanta cuando hay noticias que un padre ahorcó a su hija. O cuando raptan a un niño de los brazos de su madre. Eso es triste cuando todos debemos saber que las madres debemos estar hasta el último día de nuestras vidas con nuestros hijos”.

“Así tenga una madre un hijo que sea criminal, drogadicto; un hijo puede ser lo que sea, es tu hijo. Y me refiero a Isaac Humala, así sea lo que sea su hijo (Ollanta), uno como padre no puede salir a decir públicamente lo que pensamos sobre nuestros hijos. Yo pienso que todo el mundo pensará y dirá, qué padre. La pobre señora de su madre debe ser una esclava de ese hombre”.

“La madre se sacrifica, la madre lo es todo es un hogar. Que se dedique a enseñar cómo debe ser una madre, es lo principal. Tener que sufrir muchas veces, pero ahí está la madre a lado de sus hijos”.

Otilia está muy lúcida en su centenario. Agradece a Dios por esto. El amor de madre es enorme y eterno. No dejemos las muestras de cariño para después. La madre que concibe a los hijos durante meses, entre dolor y felicidad, siempre quiere lo mejor para nosotros. Y con todo el amor que le entreguemos en vida, haremos que nuestra progenitora viva cien años.

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