Publicado: 03/02/2019
Pikachú regresa con shows de preso tras su paso por el penal
“Aprendí en la universidad de la calle, y luego hice mi maestría sobre estudios profundos de la realidad peruana en la cárcel”, revela el cómico.
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Escribe: Gustavo Rojas. Foto: Armando Castro.

La cárcel no es un chiste y él lo sabe. Pese a ello, no deja de sonreír. El humor que aprendió en las calles y con el que ganaba dinero, le sirvió, también, para sobrevivir, tras los barrotes del penal El Milagro.

Para su familia es Pedro Arístides Robles Morán; sin embargo, para todos, es, simplemente, ‘Picachú’. El personaje de estatura baja, melena larga y dientes deformes, hoy recuerda que, durante 17 años, convirtió la calle en su mejor teatro popular. Hoy ‘Picachú’ habla. Esta es su historia.

NACE CON HUMOR

Nació en Trujillo el 30 de setiembre de 1976. “Cuenta mi mami que mi nacimiento fue histórico. En el momento en que llegué las lunas del hospital se rompieron, las luces se apagaron y cuando volvieron yo ya había nacido. Los doctores estaban asustados, se miraban unos a otros. Uno dijo: ¿Qué es eso?. Es una placenta. No, es un tumor, respondieron. Una doctora concluyó: Tíralo al aire. Si vuela es un murciélago. Pero ese era yo, el genio de la risa Picachú”, cuenta Robles.

Por su contextura y tamaño, él adoptó el nombre del ratón eléctrico de la famosa serie Pokémon. 

El ‘Picachú’ trujillano tuvo la oportunidad de estudiar en el Senati. No defraudó a su familia, más bien eligió el camino de su vocación: ser cómico ambulante. Y, por excelencia, se preparó en la calle y más adelante se reforzó en el penal.

TE BUSCA LA POLICÍA

No todo es chiste en su vida. La parte más dramática ocurrió cuando tuvo que enfrentar ante las autoridades y ponerse a derecho.

Esto ocurrió el 17 de mayo del 2017. La prensa policial informó que ‘Picachú’, de 39 años, era buscado desde el 2016 por no pagar la alimentación de sus siete hijos de madres distintas.

Pedro Robles había sido denunciado por el delito de omisión a la asistencia familiar.

Grave error en su vida que le costó llevar a la fuerza sus show cómicos al penal de El Milagro. Fue apresado en el sector Buenos Aires Sur, del distrito de Víctor Larco, cuando regresaba a su vivienda.

Lo cómico de esta intervención policial fue que él puso resistencia y dicen los agentes que este pequeño personaje les mandó una advertencia: “Si usted gana, me lleva –le dijo–, pero si gano yo, me deja ir”. Encarnizando el personaje de ‘Picachú’ les puso difícil la situación a los uniformados.

En seguida, demostró las artes marciales, como judo, kung fú y tae kwon do que había aprendido. Sin embargo, le quitaron los poderes y lo enmarrocaron.

UN CÓMICO PRESO

“Nunca pensé vivir en carne propia 20 meses en el penal. Cuando uno ingresa no sabe a dónde llegar. Te encuentras con sicarios, violadores, asesinos. Tú estás mezclado con toda esa gente. Hasta te quitan tus cosas, te despojan todo. Por eso, cuando entré al penal, pensé que acá se acababa ‘Picachú’. Imagínate preso. Nadie más va a saber de ‘Picachú’”, confiesa Robles.

Él habitó tras los barrotes del centro penitenciario de Trujillo y se pasó esa parte de su vida contando chistes a los presos para no caer en crisis emocional.

“Llega un momento en que estás quemando checo (no sabes en qué pensar). Hay muchos que dicen que la cárcel no mata, pero aloca. Así que me inscribí para un taller donde confeccionaban zapatos y carteras. Ahí me distraía”, recuerda.

EL CAMBIO LLEGÓ

Tiempo después, hubo un taller que le cambió la vida. “Cuando era más chiquito -dice entre risas- me gusta declamar para vender mis dulces”. Justo le llegó esta oportunidad dentro del penal para explotar su talento. Se inscribió en un concurso de declamación donde quedó en segundo puesto.

Sus profesores le sugirieron que se inscriba al taller de literatura que instauró el año pasado el poeta David Novoa dentro del centro penitenciario.

Fueron 26 alumnos que asistieron semanalmente a los talleres que realizaba David Novoa. Producto de ello apareció el libro ‘Presos en Prosa’.

RESPIRA LIBERTAD

De toda esta promoción de escritores dentro del penal, dos ‘alumnos’ ya respiran libertad. Uno fue reconocido como inocente. El otro fue ‘Picachú’.

Pedro Robles se contactó con David Novoa para empezar otro capítulo más de su vida: hacer performances de humor y cultura.

“Estamos en proyecto de hacer sketch para los niños. Un canal en Youtube, emitiendo los mensajes para la juventud en base a mi experiencia dentro del penal”, agrega ‘Picachú’.

“Si no hubiera tenido esta experiencia, hubiera sido un cómico más”, sentencia.

SE SIENTE AFORTUNADO

Sin lugar a dudas, ‘Picachú’ es afortunado. “Aprendí en la universidad de la calle, y luego hice mi maestría sobre estudios profundos de la realidad peruana en la cárcel”, revela el cómico.

Tras un estudio intenso dentro de la celda, Pedro Robles regresa jurando que ya nunca más volverá a pisar los pabellones. 

“En cualquier parte del Perú la juventud se está perdiendo. Por eso, queremos rescatar para llevar poesía y humor para entretener al público de la mejor manera”, jura.

Su esposa reconoce que el ‘Picachú’ que le robó el corazón “ha cambiado mucho”, tras su paso por el penal.

“Por este medio, saludo a los compañeros de Chizoer Ef, a todos los compañeros del pabellón HB, celda 1, donde yo fui delegado”, se despide en risas, tras contar su historia.

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